Otros medios sociales

Youtube

La paradoja de la felicidad – por Marcelo Mosenson

“La felicidad se debate constantemente entre estar uno lo suficientemente bien como para que la realidad nos pague con alegría y, a su vez, poseer el entusiasmo necesario como para modificar la realidad, cuando nuestras circunstancias nos tornan miserables.”

De todo laberinto se sale por arriba.
(Leopoldo Marechal)

haz feliz tu realidad   La felicidad se debate constantemente entre estar uno lo suficientemente bien como para que la realidad nos pague con alegría y, a su vez, poseer el entusiasmo necesario como para modificar la realidad, cuando nuestras circunstancias nos tornan miserables.

   Si nos sentimos mal, la coyuntura que se nos presenta suele profundizar nuestra desazón. Si nuestra realidad se torna hostil nos cuesta modificarla, puesto que nos sentimos demasiado mal como para afrontarla.

   Es en esta constante paradoja en donde pareciera residir el mayor de nuestros padecimientos como así también, la eventual salida del laberinto.

   Algo análogo suele suceder con los productos financieros. Los bancos ofrecen prestarle más dinero a quienes poseen ya un mayor capital propio y, por el contrario, suelen penalizar con multas, intereses y suspensiones de cuentas bancarias a quienes no poseen los recursos como para afrontar sus deudas.

   Cuanto más se tiene, más sencillo se hace acumular y, por el contrario, cuanto menos se posee, más hondo aún se puede caer. El sistema capitalista, como el arte de la felicidad, parecieran regirse por las mismas leyes físicas, conformando una suerte de laberinto en donde la única salida posible, cuando las cosas no nos resultan, solo pareciera existir saliéndose por arriba, o por alguna inesperada fisura de sus paredes.

   Hay laberintos que nos seducen a ingresar en ellos, para que una vez adentrados, nos anuncien que no hay salida.

   El esfuerzo y la voluntad pueden no ser suficientes a la hora de sortear ciertos laberintos. Al vernos perdidos en uno de ellos, desconocemos el camino que nos llevará a la salida, sin morir en el intento. El peor de ellos, son aquellos en donde ni siquiera nos percatamos que ya hace tiempo que nos encontrábamos dentro. Carecen de salida.

   Si la vida se debate entre el deseo y las posibilidades hay ocasiones en donde no hay elección posible, a lo sumo, uno apenas puede optar entre sobrevivir o sucumbir.

   El otro día, temí perder a una joven alumna a quien no sólo traté de pesimista, sino que también le advertí que su pesimismo era nocivo para sus compañeros de clase porque la objetividad del realista suele ser tremendamente seductora para quien quiera oír.

   Los pesimistas nos tranquilizan aún más que los optimistas en la medida que justifican nuestra tendencia a evitar buscar salidas. Porque solemos percibir, equivocadamente o no que ellas suelen ser tan dolorosas como lejanas.

   Tengo la fuerte sospecha de que en ciertas circunstancias la única salida posible se la encuentra a condición de que asumamos que el problema, efectivamente, no tiene solución. Recién ahí podemos intentar saltar por arriba del laberinto.

   Recuerdo la historia de un alpinista que para escapar de una muerte segura, luego que su brazo quedara aprisionado entre dos bloques de piedra inamovibles, producto de un desprendimiento de una de las paredes de una formación montañosa, no tuvo más remedio que amputarse su propio brazo mediante un torniquete y el empleo paciente y doloroso de su cuchillo de aventura, careciendo de cualquier anestesia a su alcance.

   Soichiro Honda acudió a Toyota para realizar una entrevista de trabajo y así cubrir una vacante libre. Al parecer, su perfil no le sedujo a la empresa y decidieron que Soichiro no era el adecuado para el puesto.

   ¿Qué es lo que hizo? Crear una empresa que compitiera con Toyota, a la cual le puso su apellido: Honda.

   El Coronel Sanders, durante mucho tiempo, vivió de los cheques del seguro social, pero un día decidió ofrecer su receta secreta, que consistía en preparar pollo frito a partir de una propia basada en once hierbas y especias, la cual patentó en 1940. La propuso a 1,099 empresas antes de escuchar su primer sí. En 1964, Sanders ya poseía 600 franquicias de KFC, mientras que hoy posee 18,000 en todo el mundo.

   Ray Crock Pasó la mayor parte de su carrera vendiendo máquinas para hacer batidos antes de comprar McDonald’s en 1954, a la edad de 52 años. Convirtió a esta marca en la franquicia más grande de comida rápida del mundo.

   A. C. Bhaktivedanta Swami Prabhupad, el fundador del movimiento Hare Krishna, tenía 69 años de edad cuando comenzó la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna. En su país natal, la India, Prabhupada fue un químico y un experto en sánscrito en Calcuta, pero en 1965 llegó a Nueva York con sólo cincuenta dólares, un par de platillos, y su deseo de difundir las enseñanzas de Krishna.

   Mario Vargas Llosa puso fin a su matrimonio de cincuenta años con Patricia Llosa para casarse con Isabel Preysler, a sus ochenta años de edad.

   Aparentemente, la gran paradoja de la felicidad pareciera radicar, entre otras cosas, en lograr acceder a la salida más difícil y fácil de todas: el beso de la persona correcta.

#marcelo mosenson
Fuente: http://altavoz.pe/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Por favor escriba a continuacion las letras que ve en la imagen.

Por favor escriba los caracteres de la imagen captcha en el cuadro de entrada

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>